Un futuro tenista con asma

Por Marcela Gieminiani

Algunas semanas atrás, mi sobrino Diego (12 años) decidió acompañar a mi marido durante su media hora de trote en el parque que está en nuestro barrio. Después de un par de minutos de ejercicio, Diego comenzó a tener respiración sibilante, y a sentir cansancio y presión en el pecho. Mi marido pensó que podía tratarse de un resfrío o una infección respiratoria, por lo que decidió regresar a la casa. Diego confesó que esa era la segunda vez que sentía esos síntomas mientras hacía alguna actividad física.

La mamá de Diego lo llevó al doctor. Después de revisar su historia clínica y de hacer algunas pruebas respiratorias, el médico le diagnóstico asma inducida por ejercicio (AIE). Alrededor de un siete por ciento de la población de Estados Unidos – cerca de 20 millones de americanos – han sido diagnosticados con asma. Muchos de ellos experimentan síntomas sólo cuando hacen ejercicio. Diego pertenece a este grupo.

Aprendimos del doctor que la gente que sufre de AIE tiene vías respiratorias muy sensibles a los cambios bruscos de temperatura y humedad, especialmente cuando respiran aire frío o seco. También que generalmente los síntomas aparecen entre 5 y 10 minutos después de empezar o terminar de realizar alguna actividad física.

A Diego le prescribieron un broncodilatador inhalado para que use antes de hacer ejercicio y de esta forma prevenga los broncoespasmos (la contracción de las vías respiratorias que impide que pase aire a los pulmones). Esta medicina puede ser utilizada también mientras se ejercita, para aliviar los síntomas si estos ocurren.

El doctor le dio también un plan de acción para el asma, con algunas indicaciones clave para su tratamiento:

  • Precalentar y enfriar gradualmente: Los síntomas del asma ocurren cuando la temperatura de las vías respiratorias bajas cambia rápidamente, lo que provoca que estas se aprieten o contracten. Diez a 15 minutos de estiramiento, calesténicos o actividad moderada antes y después de hacer un ejercicio más duro ayudará a los pulmones a adaptarse a los cambios de temperatura.
  • Evaluar el medioambiente: No hay que olvidar que hay otros factores, como aire frío, polen o polución ambiental, que pueden afectar la respiración mientras se ejercita. Si hace frío, usar una bufanda o un pañuelo sobre la nariz y la boca puede ayudar a calentar el aire antes de que entre a los pulmones. Si hay polen o polución ambiental, lo mejor es ejercitar en un espacio cerrado.
  • Escuche a su cuerpo: No hay que hacer ejercicio cuando se esté muy cansado o si se tiene una infección respiratoria.

Hacer ejercicio es importante: Elija un deporte favorito (o varios). Para las personas con AIE, deportes o actividades físicas que impliquen el uso de energía durante periodos cortos (natación, beisbol, golf) son mejores que aquellos que requieren de un esfuerzo constante, como carreras de larga distancia.

El sueño más grande de Diego es llegar a ser un jugador de tenis profesional. Después de que aprendimos que con tratamiento y prevención el asma inducida por ejercicio puede ser controlada, ¡corrimos a la tienda de deportes más cercana a comprarle una nueva raqueta de tenis!

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